¡Honor a quien honor merece!
La verdadera historia del Colegio de Ingenieros Arquitectos del Estado de Guerrero
Corría el año de 1984 cuando un hombre visionario, el Ing. Arq. Virgilio García Bibiano, se trazó un propósito que parecía imposible: crear un nuevo Colegio de profesionistas con egresados del Instituto Politécnico Nacional.
Por Humberto Díaz de los Santos
Corría el año de 1984 cuando un hombre visionario, el Ing. Arq. Virgilio García Bibiano, se trazó un propósito que parecía imposible: crear un nuevo Colegio de profesionistas con egresados del Instituto Politécnico Nacional.
La idea era buena, pero no le alcanzaba el número de miembros que exigía la ley para protocolizar una Asociación Civil. Lejos de rendirse, buscó apoyo y tocó puertas.
A ese llamado se sumaron compañeros de lucha y de profesión, entre ellos los arquitectos Antonio Lenín Camacho Méndez, Baltazar Hernández, Héctor Núñez, Paul Terán Sánchez y José Antonio Galeana, entre otros entusiastas.
Las reuniones se realizaban en las oficinas del Arq. Antonio Lenín Camacho. Y entre los «colados» a esas reuniones históricas —como consta en las listas de asistencia de la época— me encontraba yo.
Ahí se exponían los problemas y los obstáculos que frenaban la protocolización. El camino no fue fácil.
Parte fundamental para que este sueño se concretara fue el Dr. Arturo Ruiz Quintanilla, quien brindó todo su apoyo y su confianza a su equipo de trabajo, especialmente al personal encargado de las revisiones hidrosanitarias, del cual Virgilio García era el responsable. Dicha revisión era uno de los requisitos indispensables para obtener una licencia de construcción en la entonces Ventanilla Única, donde también despachaba la mesa de la Construcción del IMSS.
Por decisión unánime, una vez protocolizada el Acta y después de haber enviado dos propuestas de nombre, se le asignó oficialmente el nombre de:
COLEGIO DE INGENIEROS ARQUITECTOS DEL ESTADO DE GUERRERO, A.C.
Siendo su primer presidente el Ing. Arq. Antonio Lenín Camacho Méndez.
Hoy, a más de 40 años de distancia, es justo hacer memoria. Porque las instituciones no nacen por generación espontánea; nacen por la terquedad, la visión y el trabajo de hombres que creyeron en Acapulco y en Guerrero.
¡Honor a quien honor merece!